lunes, 10 de mayo de 2010

Zona de Tolerancia, placebo a la prostitución
Por Yesúa Molina Romero
yesuas@hotmail.com

Aprovechando el gran vacío legal existente, la prostitución abunda hoy por hoy, en lugares públicos y salas de masaje de la ciudad de Hermosillo.

El tráfico y la trata de mujeres desde la ilegalidad se suman al altísimo número de enfermedades de transmisión sexual propiciadas por la clandestinidad del oficio, y se traducen en un verdadero y real problema de salud.

Dicho problema es grave ya que según la Dirección de Salud Pública Municipal el número de personas que se dedican al sexo servicio en Hermosillo es de 905 personas con tarjeta de salubridad vigente, de éstos 882 son mujeres y 23 hombres.

Esta cifra, hubiese alarmado al Presidente Municipal de Hermosillo, durante el periodo que abarca de 1985 a 1988, Héctor Guillermo Balderrama Noriega, quien con el objeto de revisar la situación y condiciones en las que trabajaban alrededor de setenta sexo servidoras en la desaparecida zona de tolerancia de la ciudad, montó una comisión integrada por los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal).

El interés del “Temo” Balderrama por desaparecer la zona de tolerancia en 1986, fue también para María, originaria de Tampico Tamaulipas, el final de un ciclo que ella misma describe como difícil y arriesgado.

María, junto a su marido Jesús de la Rosa del Ángel, llegó a Hermosillo para buscar en esta ciudad un lugar donde establecerse: “a mi marido le gustó la ciudad porque había una zona de tolerancia muy amplia, que abarcaba tres cuadras en aquel entonces, estaba en lo que es hoy la avenida Solidaridad y Periférico Norte”, cuenta Maria, quien no se imaginaba que precisamente ese lugar seria el hogar de sus hijos y el motivo de la desintegración de su familia.

Con lana y un poco de suerte todo se puede.
Jesús de la Rosa, se rodeo de personas pudientes en su ciudad natal de Tampico, y desde muy joven reconoció la gran facilidad de ganar dinero fácil pasando por encima de la Ley.

Él y María, que hoy cuenta con 55 años de edad, incursionaron en el mercado y venta de mujeres, tenían una amañada táctica para engañar a muchachas y reclutarlas como sexo servidoras.

“Ya casados, mi marido conocía a muchachas y las visitaba, las conquistaba. Ya que se ganaba su confianza él y otros invitaban a varias chicas a dar un paseo a la playa, paseo del cual no regresarían, porque las secuestraban y las vendían. Trasladando a las chicas a casas de citas en diferentes estados de la republica, donde eran obligadas a trabajar para pagar por su libertad, eso si el dueño o dueña de la casa de citas se los permitía”, explicó María.

“El único requisito para las chicas era seguir órdenes y no tener ni miedo ni escrúpulos”, dice con seguridad María, quien recuerda aquellos momentos con la normalidad con la que toma un vaso de agua.

Al preguntarle si estaba consciente de que lo que ella y su marido estaban haciendo con aquellas chicas era un crimen, sin titubear contestó María que con suerte y un poco de lana en la bolsa todo se podía y valía.

“Lo que más me dolía en aquellos tiempos, no era lo que hacíamos, sino que la relación con mi esposo iba decayendo, siempre me llenaba de insultos, me corría de la casa, me apuntaba con su pistola, de todo me culpaba, no podía ver a nadie y si llegaba a ver alguna amiga a escondidas, él decía que me salía a putear como cuando nos conocimos, aunque él sabía que no, que yo sólo le ayudaba con los negocios”.

A la entrevistada se le inquirió si su esposo tenía alguna razón para decirle eso:

Ella respondió: “Bueno en el pasado, cuando nos conocimos fue en un lugar no propio […] me conoció en un cabaret, […] era yo prostituta”. Él tenía su novia, nos veíamos y nos enredamos sin compromiso […] nos atrajimos”.

Jesús y María, por varios años estuvieron inmersos dentro de torturas, problemas y amenazas, lo que detonó él declive de su negocio fue la muerte de cuatro estudiantes atropellados por un auto conducido por Jesús, motivo por el cual estuvieron en averiguaciones.

Al siguiente año “ya cuando andábamos saliendo de ese problema una noche mi marido se emborracho, como a eso de las seis de la mañana discutió con tres hombres […] siempre andaba armado -comenta María- cuando un cuarto hombre se acerco a tratar de sofocar la riña, entre jalones y reniegos mi marido disparó y el hombre murió, de ese accidente venimos a parar aquí (Hermosillo)”.

Inicialmente la pareja instalo en la zona de tolerancia un puesto de comida, pero pronto cambiaron el giro del negocio y pusieron un cabaret llamado El Candilejas. En aquel lugar llegaron a trabajar hasta 50 homosexuales.

Al Candilejas podía pasar todo el que quisiera, los clientes solo tenían que ser mayores de 16 años. María detalló que los clientes preferían a los homosexuales: “eran los más solicitados en todititita la zona, como si no hubieran mujeres […] el lugar se nos llenaba y para sacarle provecho me ponía a vender cerveza afuera, los hombres por comprar uno o dos botes entraban gratis”.

María presume que los homosexuales realizan cosas con sus clientes que las prostitutas se niegan a realizar. A demás en el cabaret había juegos de azar, bebidas, servicios privados con los prostitutos; y asegura que ese fue el inicio de una larga riña entre los concesionarios de la zona quienes no toleraron ver a los Tamaulipecos llevarse sus ganancias.

Las drogas las vendían los cantineros y los meseros, las riñas eran constantes, escuchar balazos, presenciar muertes o saber de casos de violación a la clientela, eran tema “de a diario” de los que María fue cómplice al trabajar en la zona roja de Hermosillo.

Las madrinas (policías) recibían su sobre cada mes o cada quincena con dinero suficiente, con ellos no había problema. El que nunca se dejo sobornar era el ministerio publico quien siempre actuaba contra los delitos cometidos en dicho lugar, pero nunca en contra de María y Jesús.

La asociación de padres de familia de las escuelas cercanas, incluidos los maestros de dichas escuelas, el sindicato municipal y el representante de los establecimientos del mencionado lugar acordaron respetar el dictamen que la comisión propuesta por Héctor Balderrama daría a conocer el 21 de diciembre de 1987 en donde la zona de tolerancia seria definitivamente clausurada sin reubicación de los negocios que ahí operaban.

Precisamente a la clausura del la zona de tolerancia Jesús de la Rosa del Ángel fallece de cinco balazos, propiciados por el dueño de otro cabaret en una jugarreta organizada en conjunto con los padrotes de los prostíbulos, quienes habían perdido sus ganancias desde que la pareja comenzó con el cabaret, noticia que orillo a María a desaparecer de la ciudad, abandonando a sus tres hijos.

¿Fue ésta la mejor decisión?
Las Candilejas, La Rumba, Río de Janeiro, Armidas, Lucila, Berthas, El Ruletero, Trancazo, El Fronterizo son algunos de los casi 20 establecimientos que existían al año de 1987 y que ofrecían sexo servicio, esta cifra, al cierre de la zona de tolerancia se disparo a los más de setenta locales dispersos en toda la ciudad, de los que se tiene conocimiento en la actualidad, con más de novecientas sexoservidoras y las muchas otras que ofrecen sus servicios por internet, en anuncios de prensa o en las calles.

La decisión de Héctor Guillermo Balderrama al cerrar la zona de tolerancia para erradicar la prostitución fue el primer paso para desatar el surgimiento de cientos de pequeñas zonas, como salas de masaje, bares clandestinos, table-dance, entre muchos otros negocios que fingen ser legales.

El origen del desorden con que hoy en día ofrecen sus servicios las damas y caballeros de la vida alegre es prueba tangible de la actitud moralina que obligó al cierre de lo que fuera la Zona de Tolerancia, sin analizar antes las consecuencias que hoy en día se presentan.

Evidente fue el alivio para cerca de sesenta mil personas que ya habitaban los alrededores de la superficie de cuatro hectáreas ubicadas en lo que era el final del periférico norte (detrás de la comandancia norte).

Sin embargo, el dictamen acordaba que se auxiliaría a las personas que se encontraran inmersas en ese lugar, la autoridad competente, por su parte, vigilaría que no se establecieran este tipo de negocios en diferentes sectores de la ciudad, batalla de la cual, aún no se logra cantar victoria, al voltear a ver las calles o revisar las cifras de los cientos de lugares donde en la actualidad se ofrecen sexo servicios.

Afirmar que es necesaria una zona de tolerancia en Hermosillo no resuelve el problema de los daños contra la moral, la salud y la integridad, en ningún sentido, sin embargo la clandestinidad en la que operan cientos de personas dedicadas a la profesión más antigua del mundo, es resultado de la decisión aplaudida por familiares, poderosos e influyentes compañeros de Héctor Balderrama, alcalde que opto por la solución más fácil para el supuesto “control” del fenómeno de la prostitución.

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