Pasa una señora chaparrita con bolsas enormes, medirá 1.50 a lo mucho, de tez morena y con facciones toscas. Evidentemente no es el estereotipo de la belleza gringo/hollywoodense con la que nos han bombardeado. Es todo lo contrario. Es fea-no veo por qué no decirlo, al final es relativo-.
Allí va una guacha, dice mi acompañante. Paradójicamente, según sus propios criterios de estética, él también sería guacho. La señora tampoco es guacha. Cuando se fue mi amigo, fui a preguntarle. Nacida en Fronteras.
…
La idea de que el sonorense es una raza diferente y superior a la del “guacho” se ha admitido en el imaginario colectivo. Esto viene de años atrás, donde el guacho tiene un estereotipo bien definido, tanto física como psicológicamente. Esta percepción es dañina puesto que es un síntoma claro de una ignorancia social basada en el repudio a algo que no se conoce mas que por pláticas con personas similares.
Es innegable que a través de la historia y en la mayoría de los países existen riñas internas, algunas, incluso con afanes separatistas. El fenómeno en Sonora, sin embargo es de una naturaleza diferente. No tiene afanes separatistas-por más que haya tímidas voces que lo insinúen-. En realidad, el sonorense se siente mexicano.
Entonces, ese sentimiento es sólo una confirmación una supuesta superioridad. Para ello hace uso del color de la piel, la mayor estatura e incluso la manida frase de: “los hombres del desierto sí tenemos que trabajar”.
Existe desde luego; un fenómeno generalizado en las zonas provincianas. Éste tiene años gestándose y se ha dado por el recorrido histórico donde el centralismo juega un papel fundamental.
Dice al respecto el sociólogo Manuel Valenzuela, que una de las primeras causas es “aparte de la actitud un tanto pedante de los capitalinos-chilangos-, la razón de su desprecio responde a que llegaban como los ‘jefes’; a querer enseñar”.
Dimensionemos este último elemento. Decía Samuel Ramos que el mexicano-y en general la cultura hispana- era demasiado susceptible y que el poder era una de las mayores motivaciones. El trabajo, lleva en sí una jerarquización que determina los grados de autoridad. Ésto es tomado como una amenaza injusta por parte del “subordinado”; creando así, un grado de repudio. Hay muchos ejemplos, uno de los más recientes y sin atender a lo coloquial es el desplegado que la organización Unidad Sonora publicó en el periódico El Imparcial que rezaba “ Los guachos del centro no vendrán a decirnos qué carretera nos merecemos los sonorenses”.
Pero este tipo de actitudes pueden verse en los distintos estados-en especial del norte-. Conviene preguntarse ¿qué es lo que lo hace diferente en Sonora?
Recorrido histórico
Dice Claudia Castro, Lic. En Literaturas Hispánicas que el rechazo al chilango viene exacerbado porque en la década de los 60’s llegó mucho soldado que era demasiado prepotente.
En los 80’s el antichilanguismo alcanzó su cima potenciado por el éxodo de los capitalinos a provincia obligados por el terremoto del ’85. En Tijuana, en el periódico Zeta, el periodista Félix Miranda exacerbó a sus lectores a estar alerta sobre ciertos síntomas para detectar chilangos. Este tipo de práctica fue trasladada a Hermosillo por otro periodista: José Terán que tenía su columna cuyo nombre era “ El cazador de guachos”.
Posteriormente, Terán, impulsado por el éxito de sus escritos, publica un libro con el mismo nombre que rápidamente se vende localmente.
Los 80’s se convierten en la época donde ser sureño-guacho- se convierte en un sino, en el pecado original, comenta Jesusa Cervantes (La Jornada, 99) No es coincidencia, que una de las frases que más revuelo han causado en la agenda nacional en cuestiones regionalistas haya sido acuñada originalmente en Sonora. “Haz patria, mata un chilango” que se puede leer en la entrada de la ciudad de Guadalajara, fue la frase que encabezó el movimiento antichilanguista que corría por debajo en esa década ochentera.
El problema mayor del libro de Terán es que creó una imagen generalizada en el ideario colectivo sonorense, donde se discrimina abiertamente a toda persona que venga del sur e incluso a los mismos sonorenses que entran en la descripción del guacho estereotipado: moreno, chaparro y “labioso”. La descripción de José Terán es la siguiente:
Especie única e irreductibale; asaz depredadora; codiciosos y dispuestos a todo, apáticos y procases; especie de aborígenes altiplánicos; sanguijuela capitalina; mitómano; homo esmoguis (más esmoguis que homos); penitente nahuatlaca; homo hipersexualis; don Juan teotihuacano; jijoelachingada; su ambición desmedida de escalar posiciones sociales; guacho gacho; el antiplánico animal urbano; transa, déspota y marrullero, exhalando a su paso un tufo insoportable de prepotentes e infalibles ombligos del mundo; caterva de periqueros trashumantes; chilangopolitanos; tenoelica; tarde o temprano habrá más guachos que gentes.
Esta definición ha permeado y generalmente se busca radicalizar posturas:
El sonorense es alto. El chilango chaparro.
El sonorense es blanco. El chilango moreno.
El sonorense es bronco, directo. El chilango es labioso y tramposo.
Es decir, el estereotipo del chilango representa el antónimo del ideal sonorense.
Para Manuel Valenzuela (director en los 90’s del Colegio de la Frontera Norte) el sentimiento fue exacerbado directamente por los escritos tanto de Miranda en Tijuana como de Terán en Hermosillo. Las apologías de superioridad de ambos, el racismo inherente en sus escritos fueron el detonante.
Jesusa Cervantes indica “Valenzuela advierte sobre la reacción en contra de los habitantes del Distrito Federal: Una anécdota que describe al chilango como sucio y prepotente, sirve para englobar a todos los defeños, como si la población en general tuviera esas características. Valenzuela también indica que la palabra guacho en Sonora toma una dimensión clasista”.
Hay un lazo intangible donde el color de la persona indica su posición social.
Así estaba escrito
En 1986, el mismo año del éxito rotundo del “Cazador de guachos”, el niño michoacano muere golpeado en una escuela. A partir de allí, junto con la muerte de Miranda; la fiebre antichilanga-apunta José Blancornelas- se reduce y quedan retazos de lo que alguna vez llegó a ser.
Paseo por la calle
Pero este sentimiento aún sigue inmerso en el corazón social. Aún se pueden ver en pequeñeces, en el trato diario. Basta echarse un clavado a las redes sociales o asistir a alguna clase para saber los prejuicios que existen aún.
Menciono las redes sociales, pues éstas, mal que nos pese se han convertido en una nueva forma de relacionarse y en ser, en su forma; un reflejo de la sociedad actual, así lo explica Sonia Fernández ( 2008). En Facebook se pueden encontrar varios grupos-sonorenses- del tipo “Yo odio a los guachos”, o blogs cuya información se resume en abiertas diatribas a todo lo que huela del sur.
Es importante señalar porque ha germinado este sentimiento en el sonorense. En uno de los pocos tratados al respecto de la identidad psicológica y cultural de los sonorenses, los autores (Domínguez et al.), mencionan que el sonorense es una persona que cuida mucho la imagen que proyecta. Esta aseveración sin caer en lugares comunes, afirma la condición de la estética ideal del sonorense.
Sin embargo, hay voces que indican que actualmente esta condición ha disminuido hasta hacerse anecdótica. Una de esas voces es Sergio Romano.
“Eso de que de Villa de Seris para abajo son guachos, que de Esperanza para arriba son guachos, quedó muy atrás. Ya la gente del Distrito Federal está muy infiltrada en Sonora. Sigue el regionalismo, pero no hay una antipatí¬a hacia los del sur"( Cervantes, 99).
La última sentencia de Romano abre una nueva línea. El racismo como expresión inconsciente de un regionalismo chauvinista. El racismo como clasismo, el clasismo como regionalismo y el regionalismo como racismo.
Ilusiones vanidosas
“ La gente aquí en Sonora es muy difícil. Al final te adaptas y llevas una vida normal, pero nunca se puede quitar el estigma de ser guacha”-dice Mariana Gómez, defeña arraigada en Hermosillo hace 9 años.
“Lo más difícil, creo yo, es para los hijos. Los niños son muy crueles y no piensan lo que dicen. A mi hijo le dicen guachito y al principio sí llegaba a casa triste. Gracias a dios ya está bien adaptado y tiene su bola de amiguitos”.
Para María Consuelo Espinoza, licenciada en Administración y que por motivos de trabajo pasa algún tiempo en Hermosillo, “el hermosillense es muy especial, desde el humor y su carácter hasta su forma de comportarse. Pero dentro de todo, yo nunca he tenido problemas que no haya tenido en cualquier parte de México”.
En el estudio de Sociedad y Región (2003) los resultados arrojan que el pueblo sonorense es mayoritariamente un pueblo incluyente, que valora más el colectivismo-en general- que el individualismo. El testimonio de la Sra. Espinoza corresponde a esta característica descrita y termina por desenvolver una de los elementos del aparente racismo. Acorde a lo que mencionó Romano, el regionalismo sonorense sigue siendo una forma dominante, pero sus resortes son de alguna forma-los actuales- diferentes a los del pasado y al de los otros estados: el primero es el de confirmarse “superior” por diferentes componentes. La estética, el ser “directo”.
Dice Eric Moncada: “El uso del término guacho, independientemente del contexto en que está siendo aplicado, es anacrónico y pretende revivir un sentimiento anticentro que pudiera persistir en algunos miembros de la sociedad sonorense, consideró el sociólogo Felipe Mora. Se trata de una estrategia para revivir un sentimiento de regionalismo y con ello encubrir un conflicto de intereses entre una clase política local y otra federal, opinó el investigador y maestro en Sociología de la Universidad de Sonora (Unison). La palabra guacho es usada como gancho para aglutinar a los sonorenses entre quienes todavía persisten esas nociones, pero en realidad ya no son los tiempos para un manejo así, manifestó Felipe Mora.
Este uso amañado del término guacho lo que pretende es ocultar un conflicto de intereses, insistió el sociólogo”.
El ser guacho es un motivo de carrilla pero no de exclusión social. El sonorense sólo busca la reafirmación de su condición como sonorense en el lenguaje coloquial. Aunque sea una ilusión.
El antichilanguismo ha evolucionado a una forma suave de señalar a los guachos, definir que no son como los sonorenses pero son bienvenidos a formar parte del juego social. La dicotomía entre la verdad y la forma de ser en las palabras del sonorense hacia los guachos-y salvo ciertas células de violencia verbal- es muy marcada. La idea ha viajado de generación en generación y es muy difícil desarraigarla.
Es inevitable en Sonora no relacionar alguna violencia verbal hacia el sureño-guacho- con una especie de racismo. Sin embargo, considero que esa actitud prepotente, cínica y prejuiciosa recae más en la necesidad de sentirse importantes. Quitando el lado estético que antes mencionaba, el sonorense es una “raza” orgullosa que necesita saberse determinante.
El estigma del chilango en Sonora nunca desaparecerá, se diluye pero no desaparece. Los prejuicios generalmente son una muestra de ignorancia, pero de una ignorancia voluntaria. La mayoría de la gente no ha viajado a los estados del sur y se conforma con repetir las historias mil veces contadas, reproducir el estereotipo y convencerse a sí mismos de que son diferentes a ellos.
Sin embargo, actualmente esta condición, si bien presente ya no es determinante. Como mencionaba Domínguez et al., la sociedad sonorense-según los resultados- es incluyente y colectivista, y la huella de guachos aquí ya es notable sin que esto los convierta en un blanco de denigraciones.
Entonces, es una mera ilusión, casi una bravuconería. El rechazo se convierte en una mera actitud inconsciente por el entorno y la herencia social pero con el tiempo se ajusta con la realidad. Este regionalismo con forma de racismo seguirá porque es una idea estática, casi atemporal. Lo que ha variado es su ejecución en el día a día. Es un frente cultural ya estacionado y tatuado en el deber ser del sonorense.
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Bibliografía
ResponderEliminarCervantes, Jesusa, La Jornada, México,1999.
Domínguez, S. et al. Identidad psicológica y cultural del sonorense, Colegio de Sonora, 2003.
Fernández, Sonia. Redes sociales: Moda pasajera o reflejo del nuevo internauta. Revista Telos, España, 2008.
Moncada, Eric. Racismo en Sonora. www.monoxoro.blogspot.com, México, 2008. (Periodista de SDP).
Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México. México, D.F., Ed. Planeta, ed. 2008.
Terán, José. El cazador de guachos. Hermosillo, México. Ed. El tiburón descalzo, ed. 1984.
Valenzuela, Manuel. Pochos, guachos y chilangos: Identidad y Racismo. Colegio de la Frontera Norte, 1998.
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