Por Jaime Morán Blanco
Niños descalzos jugando en los charcos llenos de mugre, vacas y bueyes pastando, becerros, basura, escombros y muchos perros ladrando, ese es el paisaje que uno admira al andar por las veredas de la colonia, o más bien como ellos le llaman Invasión Café Combate. Un lugar donde la vida es dura: lluvias y calores intensos.
Al norte de Hermosillo, por la salida a Nogales se encuentra la famosa “Invasión Café Combate”, una colonia muy parecida a las otras de la ciudad, sólo que existe una pequeña diferencia: aquí viven algunos sin luz ni agua, y la mayoría de las casas están hechas de cartón y materiales que sacan de la basura, así es la realidad del día al día en una colonia de gente escazos recursos, algunas familias y muchachas embarazadas, aquí hay de todo, y como es Hermosillo, no podía faltar el intenso calorón.
Para muestra un botón
Santiago Ornelas vive en la invasión Café Combate desde cerca de 10 años, cuando él llegó no había ninguna casa en su cuadra, tuvo que tumbar y nivelar el suelo, porque lo habían ubicado en un cerro, la forma de conseguir el terreno no es difícil, basta con asistir a unas reuniones los sábados con el líder de la colonia, pedir un terreno y entregar datos junto con la copia de la credencial de elector y listo, eso sí, las familias son ubicadas en las casas de abajo, las de fácil acceso, y los solteros hasta arriba.
Al ser asignado el lote hay que hacerse de los servicios, las casas de abajo cuentan con electricidad que jalan de los postes de la comisión, así que los de arriba deben de jalarse también sus cables, y a poner mangueras para jalar el agua, a veces los carros al pasar las rompen, y tienen que parcharlas o de plano cambiarlas.
Historias de familia
La señora Guadalupe Garibay Carrillo, vive con sus dos hijos, su pequeño nieto y su esposo en la invasión Café Combate, el nieto es un bebé de un año y dos meses. Él pasa los calores con un abanico “que a veces ni sirve”, segúnb la señora Garibay. Su hijo pequeño tiene 8 años, es Noé, un niño muy inteligente e igualmente inquieto, este pequeño se divierte haciendo travesuras y lanzando piedras, ya que estas sobran en la colonia. Va en cuarto año de primaria en una escuela de la colonia San Luis.
Su hija, luce de unos 16 años cuando mucho, tiene un hijo de un año, Eric Santiago. Ella estudiaba la secundaria y estaba hasta becada, pero tuvo que dejar la escuela para ayudar en la economía familiar, el señor de la casa se dedica a la venta de nopales, y la hija lo ayuda. Actualmente la señora Guadalupe lleva unos pesos extras a casa haciendo el aseo en el Colegio Irlandés.
El pequeño quiere ser bombero cuando crezca, o tal vez pintor, es bueno para eso del dibujo. Sus ojos reflejan una esperanza para los desperanzados que viven con esfuerzo, lejos de los niños pasan los problemas de los adultos que viven en la invasión.
Mugrosos, con sueños rotos, el alcalde ya estuvo aquí y lo invitaron una semanita a quedarse a dormir en casa de cartón. Que lejos pasa de sus preocupaciones, la triste realidad es que casos como estos hay cientos de miles en todo el país, y nosotros como sociedad llegamos a comportarnos hasta indiferentes, que lástima los niños, que lástima mi México, y que suerte la de muchos…
Buscar soluciones
¿Qué es lo que entonces debemos hacer? ¿El gobierno debe regalar terrenos a estas personas?, No, ¿debe facilitarlos?, Sí. Venderles su casita en pequeños pagos mensuales, lo que puedan. El verdadero problema de todo esto no es que la gente tenga que vivir en la precariedad y en el peligro que representan las llamadas "invasiones", el problema es que ni Gándara ni Padrés ni Calderón han puesto como prioridad lograr una mejor calidad de vida en las millones de familias pobres que habitan en el país, el estado o la ciudad, sino todo lo contrario, siguen protegiendo la economía de los ricos, aprobando y sugiriendo más y mayores impuestos para todos, invirtiendo en infraestructura basura, publicidad, planes para dividir a los sonorenses (dizque para traer agua), y la eterna y casi inutil guerra contra el narcotráfico, mientras seguiremos escribiendo de las invasiones.
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