lunes, 10 de mayo de 2010

Resignación del mexicano

Ya es costumbre que día a día los medios de comunicación de mayor importancia en México se encarguen de presentarnos un desfile de personajes que serán famosos por un día, una semana o incluso por más tiempo.

Hace poco menos de un año la capital del Estado de Sonora se convirtió en el lugar perfecto para aquellos periodistas hambrientos de la noticia, esa que cubre la primera plana de los periódicos, también llamada nota roja. La razón, 49 niños habían muerto de una manera mezquina, brutal, horrible y lastimosa. Quemados. Las causas pudieron ser muchas pero dentro de estas está la corrupción excesiva que existe en el país donde todo puede pasar. En esa ocasión los personajes presentados por todos los medios fueron el director general del IMSS(Instituto Mexicano del Seguro Social) Daniel Karam Toumeh y el gobernador del Estado Eduardo Bours Castelo. Los mexicanos alzaron la voz y se escucharon calificativos como: asesinos, irresponsables, corruptos y muchos, muchos otros más.

Hace más de dos meses un personaje conocido como el “J.J” se convirtió en la oportunidad perfecta para los mexicanos de maldecir al gobierno en turno y criticar la ya por demás famosa corrupción mexicana y es que la pópuli estaba muy molesta y como no estarlo si esta persona de la que les hablo, disparó a quemarropa contra uno de los futbolistas más queridos por el pueblo de este país, dentro de uno de los bares más exclusivos de la ciudad de México. Los noticiarios de de todos los canales de televisión, públicos y privados, voltearon a ver el caso con una afición enfermiza.

Poco tiempo después, una niña de tan sólo 4 años de edad con discapacidad psicomotora que vivía en una de las zonas de “caché” del estado de México, captó los lentes las plumas y micrófonos de todos los medios de comunicación del país y otros más fuera del territorio azteca. Entonces, los medios de comunicación nos presentaron a otro personaje del cual podríamos opinar, en este caso fue una mujer, su nombre, Lizeth Farah. La mujer, fue etiquetada por el procurador de justicia, Alberto Bazbaz, como la principal sospechosa de la desaparición de su hija. El pueblo mexicano opinó de nueva cuenta y sin compasión alguna, juzgó a la mujer de asesina incluso hubo quienes que por medio de las redes sociales la comparaban con personajes de las películas de terror de Hollywood. ¿Verdad, Atala Sarmierto?

El furor pasó y el desfile de personajes siguió, pues el show debe continuar.

Una tarde de viernes del mes de abril, después de tanto trabajar, la única compañía que podía adquirir era la también llamada caja estúpida. La televisión. La encendí y mientras me preparaba un taco de frijol con queso regional, escuchaba al periodista Jorge Ramos lamentando lo que había ocurrido unos segundos antes de que yo oprimiera el botón de encender del control remoto. La gobernadora del estado de Arizona acababa de firmar una de las leyes más racistas y tontas que jamás haya escuchado. Fue inevitable dejar mi hambre a un lado y decidí sentarme a apreciar de nueva cuenta a un nuevo personaje que daría de qué hablar por mucho, mucho tiempo. Jan Brewer. Acto seguido, mi opinión al respecto se escuchó en mi casa sin que un receptor tuviera la oportunidad de escuchar.

Después de todos estos eventos tristes e incoherentes, la pregunta que salta es: ¿qué es lo que pasa en el país mexicano? ¿Qué más sigue? ¿Qué factor está ocasionando todo esto? ¿Qué hacemos para parar el rumbo que llevamos?

Octavio Paz en su libro “el laberinto de la soledad” define al mexicano como: “viejo o adolecente, criollo o mestizo, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Plantado en su arisca soledad, espinoso y cortes a un tiempo, todo le sirve para defenderse: el silencio y la palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación. Tan celoso de su intimidad como de la ajena…siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos también de sí mismo

¿Será por eso que nos vale una mierda lo que pasa a nuestro alrededor? ¿Será que estamos tan enfrascados en nuestro mundo que, eventos como los anteriormente mencionados nos valen una opinión solamente y no una revolución social?

Estoy de acuerdo con el poeta mexicano, el hermetismo con el que manejamos nuestras vidas hace que 49 niños quemados en una guardería no signifiquen nada más que unas cuantas marchas por las calurosas calles de Hermosillo y después qué importa si al final de cuentas la resignación llegará.

Paz en su libro el laberinto de la soledad también escribe escribe: “Desde niños nos enseñan a sufrir, con dignidad las derrotas… La resignación es una de nuestras virtudes populares” Entonces… Hay justificación para ser cobardes y conformistas pues todo está en nuestra cultura, no es nuestra culpa, es culpa de la educación que hemos recibido. ¿No será esta otra justificación para seguir viviendo a medias?

La capacidad de resignación que vivimos hoy en día es asombrosa. Niños quemados, el ejército mexicano caminando por las calles de una ciudad, con el fin de mantener el orden, estudiantes brillantes muertos a balazos, dentro de instalaciones educativas, niñas muertas que permanecen bajo su cama por más de una semana y más, muchos ejemplos más que podría enlistar. Todo esto se está volviendo el pan de cada día. Ya no nos asombramos de lo mal que está nuestro país, nuestra seguridad.

Es triste la actitud del pueblo mexicano y como no va a serlo si claramente lo dice Octavio Paz en su libro “El mexicano excede el disimulo de sus pasiones y de sí mismo. Temeroso de la mirada ajena, se contrae, se reduce, se vuelve sombra, y fantasma. No camina, se desliza; no propone, insinúa; no replica, rezonga; no se queja, sonríe…”

Nuestra cultura es admirada alrededor del mundo, se dice que es una de las más bellas del planeta, que tenemos una lengua hermosa y que las tradiciones se viven de una manera como no se hace en otros países, pero de qué sirve todo eso si a 200 años de nuestro nacimiento, vivimos en un país en donde la resignación es un sustantivo que se convierte en verbo pues se practica a diario.

Como parte de este país me reúso a practicar la resignación un día más, me reúso a seguir resignándome a que mi voto valga para pura madre, me reúso a resignarme a que un alcoholizado hombre me choque mi carro y que al día siguiente salga de la cárcel porque conoce al ministerio público, me reúso de igual manera a mantener indígenas encerradas por 3 años en prisión por que las leyes no funcionan de la manera correcta, me reúso a resignarme a tener que pararme en medio de la calle para que un policía cheque mi carro y me trate de sobornar, me reúso a resignarme a pagar un impuesto absurdo e ilegal por el uso de mi carro por el resto de mi vida, me reúso a tener que ser bonito para entrar a un determinado lugar, me reúso de igual manera a ser discriminado en el extranjero por el sólo hecho de tener rasgos indígenas. Me reúso a seguir viendo marchas que no llegan a ningún lado, me reúso a seguir caminando por la calle y ser molestado por una persona en busca de los pesos que están en mi bolsillo y me reúso a seguir escuchando el tan famoso “Viva México cabrones” mientras no entendamos que México se ha convertido en un país fallido hambriento de una mejor vida que no llega a nuestras manos, gracias a nuestra capacidad de resignación.

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